Cuando la Obispa Cynthia Fierro Harvey y el Dr. Hugo Magallanes de la Escuela de Teología Perkins comenzaron a planificar un curso de inmersión en el Valle del Río Grande, querían que la experiencia fuera más allá del aula.

Obispa Cynthia Fierro Harvey a la izquierda, y Carlee George participan en el evento. Fotografía de Carlee George.
El curso de julio reunió a estudiantes, educadores/as y líderes eclesiásticos/as en McAllen para varias jornadas de aprendizaje, adoración y diálogo. Los/as participantes visitaron comunidades fronterizas, escucharon a pastores/as y laicos/as que sirven en el Valle del Río Grande, se reunieron con líderes de organizaciones sin fines de lucro y escucharon a representantes de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos. En lugar de estudiar la inmigración y el evangelismo únicamente a través de conferencias, el grupo conoció a personas cuyas vidas y ministerios están directamente marcados por la realidad de la frontera.
La Obispa Harvey también invitó a laicos/as de las conferencias anuales a las que sirve a participar y regresar a sus hogares preparados/as para compartir lo que habían vivido. Carlee George, directora de Ministerios Familiares de la Primera Iglesia Metodista Unida de Missouri City, representó al Comité de Comunicaciones de la Conferencia Anual de Tejas.
Al reflexionar sobre la experiencia, la Obispa Harvey describió aquellos días como “enriquecedores” y a los/as participantes como una comunidad de aprendizaje “donde la teología cobraba vida”.
“Me preguntaba si esto es lo que realmente debe ser la educación teológica: no simplemente el estudio de la teología, sino su encarnación. Un lugar donde convergen el aprendizaje en el aula y la experiencia vivida, donde la fe se pone a prueba y se profundiza, y donde la teología no solo se debate, sino que se practica en el mundo real” comentó la Obispa Harvey.
George comenzó el curso sin saber qué esperar. No era pastora ni estudiante de seminario, y al principio se preguntaba si contaba con la formación teológica suficiente para estar allí. Para ella, la inmigración no era un tema académico; era algo personal que afectaba tanto a su labor en la iglesia como a miembros de su propia familia.
A continuación, se presenta su reflexión sobre las personas que conoció, las interrogantes que planteaba y la esperanza que halló en el Valle del Río Grande.
Reflexión sobre el curso en el Valle del Río Grande

Grupo de participantes en el curso de inmersión en el Valle del Río Grande. Fotografía de Carlee George.
Al llegar a la clase, me sentía abrumada. Honrada sí, pero también abrumada. No sabía qué esperar, ya que no soy pastora, no estoy cursando estudios superiores y cuento con una formación teológica limitada. Sin embargo, el tema de la inmigración y la evangelización me resulta familiar pues es un asunto que me toca muy de cerca, no solo por mi trabajo en la iglesia, sino también porque tengo familiares que han tenido que abandonar Estados Unidos debido a su estatus migratorio.
La primera mañana, bajé a desayunar con cierta inquietud para conocer a algunos/as de los/as participantes. En cuestión de minutos, pude comprobar la fortaleza y la profundidad de los vínculos en La Iglesia Metodista Unida, mientras la Obispa Harvey y otras personas compartían historias sobre conexiones eclesiásticas y amistades en común. Me sentí un poco más tranquila antes de asistir a nuestra primera conferencia.
Nuestra introducción al Valle del Río Grande (RGV por sus siglas en inglés) estuvo a cargo del Rev. Jon Herrin, pastor principal de la Primera Iglesia Metodista Unida McAllen, quien describió la cultura del RGV incluyendo el dato sorprendente de que ¡no es ni grande ni un valle! El pastor Jon habló sobre las dificultades y los desafíos que enfrentan la iglesia y las comunidades circundantes, y sobre cómo la congregación se esfuerza al máximo por ser las manos y los pies de Cristo en medio de todo ello.
Pronto quedó claro que casi todos/as los/as presentes tenían un vínculo personal con la situación actual de la inmigración en Estados Unidos, ya fuera a través de sus propias experiencias o de las de sus cónyuges, familiares o seres queridos que habían pasado por el sistema. Teníamos una conexión más profunda con el contenido del curso de lo que, creo, muchos de nosotros/as imaginábamos. Un compañero compartió la lucha que suponía para él con sus antecedentes militares, el tratar de asimilar la situación desde su fe cristiana. Otro, que dedica la mayor parte de su tiempo a ayudar a personas y familias en las inmediaciones de un centro de detención del ICE en el área de Dallas-Fort Worth, habló de lo difícil que le resultaba reconocer el valor sagrado de aquellos a quienes percibe como causantes de daño.
A continuación, el Dr. Hugo Magallanes nos guio a través de una exposición y un diálogo sobre cómo definir el evangelismo, especialmente en lo que respecta a las poblaciones vulnerables. Inicié este curso consciente de mis propios prejuicios, pero con el deseo de mantener la mayor apertura posible para escuchar todas las perspectivas de cada historia; quería escuchar tal como siento que lo haría Jesús. En uno de los primeros debates en clase, se nos plantearon dos preguntas clave: ¿Con quiénes estableció Jesús relaciones de manera intencional? y ¿Cómo evangelizaba Jesús?
Para mí la respuesta es que Jesús evangelizaba estableciendo relaciones con todos/as, pero especialmente con los/as marginados/as, con quienes vivían en los márgenes de la sociedad y con los/as considerados/as parias. Como mujer blanca reconozco que en la mayoría de las situaciones gozo de privilegios y no encajo en esas categorías. Entonces ¿qué significa esto para mí? ¿Qué significa para mi fe? ¿Cómo encarno a Jesucristo?

Iglesia Metodista Unida Nueva Vida. Fotografía de Carlee George.
El domingo asistimos al culto en la Iglesia Metodista Unida Nueva Vida, con la pastora Edith Alejandro, quien nos contó que aunque la iglesia sufrió daños considerables debido a las inundaciones en el valle el año pasado, acababan de terminar importantes renovaciones y la semana anterior, habían organizado con éxito una Escuela Bíblica de Vacaciones con 18 niños/as. Compartimos su alegría y celebración.
La pastora Edith predicó sobre Mateo 13: 1–9, la parábola del sembrador. Planteó una pregunta que resonó en mí durante el resto del curso: “¿Qué tipo de tierra tienes para recibir la Palabra de Dios?”.
El mensaje para mí fue este: Dios planta la semilla pero es nuestra tarea en la Tierra nutrirla y ayudarla a crecer. No estamos llamados/as simplemente a escuchar un sermón o un himno de adoración los domingos, sino a permitir continuamente que Dios obre en nuestras vidas y a salir para ser las manos y los pies de Cristo.
La pastora Edith concluyó con una reflexión poderosa: “¡Qué hermoso sería si todos/as los/as presentes decidieran permitir que Dios obrara en sus vidas! Tener un corazón dispuesto a hacer aquello a lo que Dios nos llama: un corazón que escucha y pone en práctica”.
Lo que más me impactó a lo largo del curso fue que si bien todas las personas que conocimos tenían historias de profundo dolor, sufrimiento o adversidad, también irradiaban una esperanza y una alegría contagiosas.
Esto se hizo especialmente evidente durante nuestra visita al personal de ARISE Adelante, una organización sin fines de lucro que empodera a familias de bajos recursos y a comunidades inmigrantes en las colonias locales. Una de las integrantes del equipo compartió su historia: de niña tuvo que dejar atrás una situación peligrosa y de gran inestabilidad para venir a Estados Unidos. A pesar de haber sufrido pérdidas profundas, su esperanza y su alegría eran radiantes; había vivido experiencias que fácilmente podrían haberla dejado destrozada, llena de ira o resentimiento y en cambio, irradiaba el amor de Cristo. Encontró esperanza gracias a la organización que la ayudó cuando era niña y ahora comparte esa esperanza con los/as demás a través de su trabajo allí.

Agentes de la Patrulla Fronteriza hicieron una presentación en el marco del programa de inmersión e intercambiaron con los asistentes. Fotografía de Carlee George.
Una de las partes más difíciles del viaje fue nuestro último día completo juntos/as, cuando estaba previsto que escucháramos a dos agentes de la Patrulla Fronteriza. Me sentía inquieta ya que después de tres días escuchando a numerosos miembros de la comunidad que habían sufrido daños a manos de agencias gubernamentales, me había puesto a la defensiva. Sin embargo, seguía repitiendo en mi mente una afirmación que la Obispa Harvey había compartido el primer día: “Toda persona tiene un valor sagrado”.
Me enfoqué en esa idea que fue un recordatorio de que mi labor no es juzgar, sino que como seguidora de Cristo, mi llamado es escuchar. Gran parte de su presentación estaba preparada de antemano, como era de esperar, aunque aclararon que su agencia se centra en la frontera y el exterior, mientras que el ICE se ocupa del interior. Durante la sesión de preguntas y respuestas, compartieron algunos detalles sobre sus vidas personales y las razones por las que eligieron esta profesión. Si bien esto no cambió mi perspectiva sobre las políticas migratorias actuales de Estados Unidos, me recordó que el mundo no es blanco y negro y que no existen soluciones fáciles.
Después tuvimos tiempo para desconectar. Me senté en un jardín y recurrí a una colección de ensayos en la que últimamente he encontrado esperanza “Afrontar la Verdad con Valentía” de Rachel Held Evans. Elegí un ensayo cuyo título parecía describir a la perfección cómo me sentía en ese momento “Por qué no puedo seguir enfadada, aunque quiera”.
FOTO 6: Participantes en el encuentro visitaron Caridades Católicas RGV. Fotografía de Carlee George.
Rachel escribió “No creo que la ira sea intrínsecamente mala. La ira forma parte de lo que significa ser humano/a, ser empático/a, estar comprometido/a, reconocer el pecado tal como es, tener un corazón tierno y vulnerable, estar despierto/a en este mundo... Pero si Jesús es nuestro ejemplo, si ser plenamente humano/a y plenamente Dios se manifiesta en este carpintero de Nazaret, sabemos que el mal que hay en nosotros/as y en este mundo no puede ser vencido por el odio, sino que debe superarse con amor”.
Todas las personas que conocimos, ya fueran miembros de la comunidad que enfrentaban adversidades o agentes de la Patrulla Fronteriza, son hijas de Dios.
Terminé el curso con el corazón apesadumbrado y con más preguntas que respuestas, pero también lleno de esperanza: esperanza en la resiliencia de quienes se aferraron a la alegría cuando parecía imposible; esperanza en el futuro de la Iglesia al ver a laicos/as, pastores/as y educadores/as aprendiendo juntos/as; y esperanza en que el amor puede triunfar.
Llevando la experiencia a casa
El propósito de una experiencia de inmersión no es ofrecer respuestas simples a cuestiones complejas. Se trata de llevar a los/as participantes más allá de los titulares y los argumentos políticos, permitiéndoles establecer vínculos con personas cuyas vidas se ven afectadas por los temas que se abordan.
Carlee regresó del Valle del Río Grande sin una solución definitiva para los desafíos que rodean a la inmigración. En su lugar, trajo consigo historias, interrogantes y un compromiso renovado de escuchar.

Servicio de clausura del encuentro. Fotografía de Carlee George.
Su reflexión plantea también un desafío a la Iglesia en su conjunto: reconocer el valor sagrado de cada persona, establecer vínculos con quienes a menudo son relegados/as a los márgenes y permanecer abiertos a la manera en que Dios puede transformar nuestros corazones a través de las personas con las que nos encontramos.
Para la Obispa Harvey este encuentro entre la fe y la experiencia vivida reveló algo importante sobre la educación teológica: Observar a los/as participantes lidiar con lo que habían presenciado, mientras intentaban reconciliar esas experiencias con su fe y su teología “alimentó mi alma” afirmó.
Tal como Carlee descubrió en el Valle, el testimonio fiel puede comenzar no con tener la respuesta correcta, sino con la disposición a entrar en la conversación, escuchar con humildad y permitir que el amor prevalezca.
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* George es directora de Ministerios Familiares de la Primera Iglesia Metodista Unida de Missouri City, Tejas. Alisha Bynum colaboró con este artículo.
** Leonor Yanez es traductora independiente. Puede escribirle a IMU_Hispana-Latina @umcom.org.