¿Qué estamos celebrando realmente?

Rev. Jorge Rodríguez. Foto cortesía del autor.

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Artículos de Opinión

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Durante mucho tiempo me he preguntado qué es lo que realmente celebramos cuando hablamos del Mes de la Herencia Hispana-Latina. Incluso me he preguntado cómo y por qué nació esta celebración. Creo que esas preguntas son importantes porque no deberíamos aceptar una celebración simplemente porque aparece cada año en el calendario.

Como dicen en mi pueblo: “A río revuelto, ganancia de pescadores.” Muchas veces tengo la impresión de que quienes mejor han aprendido a aprovechar estas celebraciones son las grandes corporaciones. Durante unas semanas aparecen los colores, la música, la comida y las imágenes de nuestra cultura en la publicidad. Lo hispano se vuelve atractivo y comercializable. Pero debemos preguntarnos: ¿cuánto de ese beneficio llega realmente a las comunidades hispanas y latinas, especialmente a las más vulnerables?

Esto no sucede solamente con nuestra comunidad. En Estados Unidos existen también celebraciones dedicadas a la historia y herencia afroamericana, de los pueblos nativos americanos y de otras comunidades. Estas conmemoraciones pueden ser importantes porque ayudan a visibilizar historias que muchas veces han sido ignoradas. Sin embargo, existe el peligro de convertirlas en celebraciones superficiales que reconocen la cultura sin confrontar las injusticias que esas mismas comunidades continúan experimentando.

Por eso creo que el Mes de la Herencia Hispana-Latina necesita una lectura crítica de la historia.

Resulta significativo que estas fechas comiencen alrededor de los aniversarios de independencia de varios países centroamericanos y latinoamericanos. Pero incluso allí debemos atrevernos a preguntar: ¿independencia de quién? ¿Independencia para quién? Nuestros países alcanzaron la independencia de España, pero la historia latinoamericana también nos obliga a hablar de otras formas de colonialismo, dependencia económica e intervención extranjera, incluyendo el enorme poder que Estados Unidos ha ejercido históricamente sobre América Latina.

Por eso no quisiera que nuestras iglesias simplemente celebren una versión romántica de nuestra cultura. No basta con música, comida típica, banderas y vestidos tradicionales. Todo eso forma parte de nuestra identidad y merece ser compartido, pero nuestra historia es mucho más profunda.

Nuestra historia también es una historia de resistencia.

Es la historia de pueblos indígenas que sobrevivieron a la conquista y al despojo. Es la historia de comunidades afro-latinas que resistieron la esclavitud y el racismo. Es la historia de campesinos y trabajadores que lucharon por tierra y dignidad. Es la historia de movimientos sociales que denunciaron dictaduras, explotación e injusticia. Es también la historia de migrantes que han cruzado fronteras buscando vida, seguridad y oportunidades para sus familias.

Y para nosotros, como iglesia, existe además una memoria de fe: una iglesia que acompaña, que resiste junto al pueblo y que levanta su voz cuando la dignidad humana es amenazada.

Por eso pienso que nuestras celebraciones deberían convertirse en espacios donde recordemos la resistencia frente a la dominación, escuchemos las voces que han sido silenciadas y renovemos nuestro compromiso con la justicia.

No se trata de dejar de celebrar. Se trata de preguntarnos qué celebramos y para qué celebramos.

Quizás el Mes de la Herencia Hispana-Latina puede tener verdadero sentido cuando deja de ser solamente una celebración de nuestra cultura y se convierte también en un ejercicio de memoria. Una memoria que recuerda las heridas, reconoce las luchas, celebra la resistencia y nos llama a continuar trabajando por la justicia.

Porque nuestra herencia no es solamente lo que recibimos del pasado.

Nuestra herencia también es la lucha de quienes se negaron a aceptar que la injusticia tuviera la última palabra.

* Rodríguez es un pastor y teólogo metodista unido hondureño con más de 40 años de ministerio en Centroamérica y EE. UU. Actualmente lidera iglesias en Idaho y Oregón, enfocando su labor en la justicia social y el ministerio intercultural.

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