Puntos clave:
- Cuando las congregaciones y los seminarios se presentan a sí mismos a través del lente de una ideología política, desperdician un don sagrado: la capacidad de la iglesia de mantenernos unidos.
- El Seminario Teológico Garrett-Evangelical ha lanzado el Garrett Collective como una forma de ayudar a la iglesia a liderar la construcción de comunidad a través de las diferencias.
- El llamado de la iglesia no es reflejar una sociedad fracturada, sino practicar una forma distinta de estar juntos: una que imagine la reconciliación como una realidad vivida.
Foto Brian McConkey, cortesía del autor.
Artículos de Opinión
No hace mucho tiempo, me senté con una pastora que describió el momento en que su congregación se dividió.
No fue por doctrina ni por mala conducta. Fue por un letrero en el jardín. Una familia lo colocó; otra exigió que lo quitaran. En cuestión de semanas, relaciones construidas durante décadas se hicieron añicos.
“Antes solíamos discrepar sobre cosas importantes”, me dijo. “Ahora ni siquiera podemos discrepar. Simplemente nos vamos”.
La polarización política ha echado raíces en nuestras iglesias. Esta observación puede sonar evidente para cualquiera que tenga una familiaridad mínima con el panorama cristiano actual, pero no reflexionamos lo suficiente sobre lo que esto presagia: para nuestra denominación metodista unida, para la iglesia en general y para las comunidades a las que servimos.
Cuando las congregaciones y los seminarios comienzan a presentarse a través del lente de una ideología política, traicionan la humanidad compartida a la que Jesús nos llama. Peor aún, desperdician un don sagrado: la capacidad única de la iglesia de mantenernos unidos cuando todo lo demás nos separa.
Todavía está dentro de mi memoria viva el tiempo en que personas de todo el espectro político adoraban juntas en su parroquia local. No pretendo pintar una imagen idílica —a veces era difícil. Exigía atravesar momentos de incomodidad y valorar los valores y propósitos que compartíamos, incluso cuando otras convicciones divergían. Pero la gente estaba dispuesta a hacer ese trabajo difícil.
Hoy entras en muchas iglesias y aún verás alguna versión de esto, pero cada vez más la afinidad ideológica se ha convertido en un predictor más seguro del hogar eclesial de una persona que la lealtad denominacional o incluso la búsqueda espiritual. Un metodista progresista que se muda a una comunidad con una congregación metodista conservadora es más probable que se una a la iglesia presbiteriana progresista de la calle de al lado. Un bautista conservador bien puede unirse a la comunidad metodista conservadora de su nueva ciudad en lugar de a la iglesia bautista que cuelga una bandera progresista en la puerta.
Las iglesias y los seminarios han observado esta tendencia y han reaccionado en consecuencia. Ha surgido una gran cantidad de palabras culturalmente codificadas mediante las cuales las instituciones de fe revelan rápidamente sus inclinaciones ideológicas para atraer a personas afines. Si ofrezco la opción entre una “comunidad diversa centrada en la justicia” y una “iglesia que cree en la Biblia”, probablemente ya sepas cuál tiende hacia lo progresista y cuál hacia lo conservador, aunque ambas frases podrían describir comunidades en todo el espectro teológico.
Instituciones como el Seminario Teológico Garrett-Evangelical, donde sirvo como presidente, no están exentas de estas presiones. Los especialistas en mercadeo se apresuran a ayudarnos a segmentar qué estudiantes tienen más probabilidades de asistir según su ideología política y a elaborar un lenguaje diseñado para alcanzarlos. La polarización que impulsa a las personas a pensarse primero a través de un lente político ha colonizado nuestras instituciones, profundizando aún más este patrón.
El primer problema con este enfoque es que rechaza explícitamente nuestro llamado. Jesús no dijo: “¡Vayan y hagan discípulos de las personas que comparten su política!”. El llamado de Cristo es universal: una invitación a tejer pertenencia incluso —y quizá especialmente— entre personas con quienes la comunión no siempre es fácil.
Esto es lo que representa la Iglesia Metodista Unida en su mejor expresión: un cuerpo conexional que honra nuestras diferencias mientras al mismo tiempo nos une para llevar a cabo el deseo de Dios de una iglesia floreciente y un mundo sanado. Cuando rechazamos ese llamado porque nuestras diferencias parecen demasiado difíciles de reconciliar, eliminamos la posibilidad de transformación mutua. Los músculos necesarios para construir conexión en medio del desacuerdo comienzan a atrofiarse, y toleramos cada vez menos diferencia hasta que solo interactuamos con personas que reflejan lo que somos.
Sin embargo, si esos músculos pueden debilitarse, también pueden fortalecerse. Nuestra cultura está rodeada de fuerzas —desde la política institucional hasta los algoritmos digitales— que tienen interés en empujarnos hacia una polarización cada vez más extrema. La iglesia debe reconocer su maravillosa herencia como una de las pocas instituciones que quedan cuya identidad y florecimiento requieren que resistamos este proceso de desintegración.
Desde nuestros mayores hasta la Generación Z, la gente lamenta abiertamente cómo los últimos treinta años han abierto brechas entre ellos y sus vecinos. Están cansados. Anhelan algo diferente. Que la iglesia abra de par en par sus puertas y comience el trabajo desordenado y difícil de servir como reparadora de las brechas.
¿Qué podría requerir esa reparación? En mis escritos e investigaciones he llegado a creer que exige tres disciplinas: un sentido de identidad clarificado que sepa lo que creemos y por qué; humildad espiritual que permanezca genuinamente abierta a aprender de quienes ven el mundo de manera distinta; y práctica colaborativa que nos una a través del trabajo compartido por el bien común.
Estas disciplinas no se desarrollan mediante diálogos ocasionales ni con una coexistencia meramente cordial. Se forjan en el trabajo lento y paciente de estudiar juntos, orar juntos y actuar juntos —incluso cuando discrepamos en muchas otras cosas.
El Seminario Teológico Garrett-Evangelical ha lanzado el Garrett Collective como una forma en que nuestra comunidad intenta vivir ese llamado. El Collective es una hermosa plataforma en línea que alberga una abundancia de recursos compartidos: oraciones, liturgias, estudios bíblicos y mucho más.
Pero el verdadero poder del Collective está aún por delante. A través de microcursos y cohortes de aprendizaje, reuniremos a estudiantes a través de grandes distancias geográficas —y a lo largo del espectro teológico— para crecer juntos en la fe. Un cristiano en la ciudad de Nueva York podrá aprender junto a otro en Idaho y otro en la India rural.
Los usuarios también crearán su propio contenido, ampliando los recursos disponibles. El Collective se lanza en español e inglés, con otros idiomas por venir. Los materiales podrán descargarse para uso sin conexión, de modo que los estudiantes puedan llevarlos a partes del mundo donde el acceso a internet es intermitente. Con el tiempo, los participantes construirán una biblioteca de contenido que refleje la maravillosa diversidad de la humanidad —y una comunidad que nos invite al difícil trabajo de la transformación mutua.
Me llena de alegría ver cómo el Collective alimentará a la Iglesia Metodista Unida precisamente donde necesitamos sustento. Los pastores a menudo me hablan de la creciente carga de liderazgo que llevan sobre sus hombros; muchos ahora trabajan de manera bivocacional. Una biblioteca de recursos, revisada por profesores y socios de Garrett, aliviará parte de ese peso.
Cuando viajo internacionalmente para visitar socios metodistas, escucho sobre la dificultad de obtener materiales teológicos de alta calidad, particularmente en idiomas distintos del inglés. El Collective busca nutrir a la iglesia en Estados Unidos, pero también en África, India, Filipinas y América Latina —exactamente donde el metodismo está creciendo más rápido. Podemos hacerlo con integridad porque nuestra facultad proviene de estos lugares y sigue conectada con sus comunidades de origen.
También escucho con frecuencia a laicos que desean educación teológica de nivel seminario sin comprometerse con una matrícula formal. El Collective les permitirá estudiar junto a pastores, seminaristas y otros laicos, utilizando materiales que provienen de las aulas de Garrett. Invito de todo corazón a cualquiera a unirse a esta comunidad de aprendizaje, para que podamos practicar formas más amplias de ser iglesia juntos.
Existe un futuro más allá de nuestra división actual, y la relevancia de la iglesia dependerá en gran medida del papel que desempeñemos para darle forma. ¿Permitiremos que nuestros santuarios sigan dividiéndose a lo largo de las mismas fallas que fracturan el mundo fuera de nuestras puertas? ¿O podremos arraigarnos en un evangelio que nos llama a la relación incluso en medio de desacuerdos profundos?
El llamado de la iglesia no es reflejar una sociedad fracturada, sino practicar una manera diferente de estar juntos: una que dé testimonio de la reconciliación como una realidad vivida, y no como un ideal distante.
Ese camino comienza con valentía: la disposición a abandonar los marcadores culturales codificados que prometen bienvenida pero producen división; el compromiso de reconstruir los músculos de conexión que hemos perdido; y la creación de nuevos espacios donde el Espíritu Santo pueda moverse libremente entre personas que de otro modo quizá nunca se encontrarían.
El mundo está observando para ver si los cristianos pueden hacer lo que proclamamos: si podemos amar a través de los abismos que derrotan a todos los demás. El Garrett Collective es nuestro pequeño intento de responder a ese llamado. Esperamos que se unan a nosotros.
* Viera es presidente del Seminario Garrett. Ministro metodista y teórico de la educación, su trabajo explora cómo las personas pueden aprender y construir coaliciones constructivas a través de las diferencias.
** Rev. Gustavo Vasquez, Coordinador de Relaciones Hispano-Latinas de UMCOM. Para comunicarse con Noticias MU puede hacerlo al 615-7425470, IMU_Hispana-Latina@umcom.org o gvasquez@umcom.org.