Debemos continuar el trabajo de Martin Luther King Jr.

Puntos Clave:

  • La fe del Rev. Dr. Martin Luther King Jr. lo impulsó a enfrentar la injusticia y la desigualdad, y sus palabras siguen desafiando a la nación y a la iglesia hoy en día.
  • Frente a las amenazas se negó a confundir la paz con la tranquilidad, y comprendió que los llamados a la paciencia a menudo funcionan como herramientas para preservar sistemas injustos.
  • Como pueblo metodista unido nos comprometemos a “resistir el mal, la injusticia y la opresión” pero a menudo nos acomodamos a sistemas que perpetúan el racismo y la desigualdad, escribe el Rev. Dr. Jefferson M. Furtado. ¿Qué estamos dispuestos a cambiar para que la justicia se arraigue entre nosotros/as?
  • Honrar a King fielmente no es simplemente citarlo una vez al año, sino permitir que su testimonio cuestione nuestras suposiciones y reformule nuestros compromisos.

The Rev. Dr. Jefferson M. Furtado. Photo courtesy of the author. 
El Rev. Dr. Jefferson M. Furtado. Foto cortesía del autor. 

Artículos de Opinión

Noticias MU publica artículos de opinión sobre temas específicos en la denominación. Los artículos de opinión reflejan una variedad de puntos de vista y son las opiniones propias de los escritores, que no reflejan las posiciones del servicio de Noticias MU.

contradicciones e historias que moldean la identidad de esta nación.

Holly Springs no era un aula abstracta para aprender sobre raza, historia o justicia; era memoria viva donde el pasado no estaba oculto ni distante; persistía en la arquitectura, los patrones sociales, las suposiciones y las miradas silenciosas que impregnaban la comunidad. En ese contexto, las palabras del Dr. King cobraron vida para mí. Sus discursos ya no eran reliquias bien conservadas, sino preguntas vivas que se enfrentaban a las realidades cotidianas.

Ese mismo año, el estado de Misisipi participaba en un referéndum sobre si cambiar su bandera estatal, un símbolo profundamente ligado al legado de la Confederación y la supremacía blanca. Un intenso debate resonó en todo el campus universitario y en las conversaciones cotidianas. En esos momentos, recordé las palabras de King en su libro "Más allá de Vietnam": "Como nación debemos emprender una revolución radical de valores. Debemos iniciar rápidamente la transición de una sociedad 'orientada a las cosas' a una sociedad 'orientada a las personas'". Estando en el Sur Profundo entre conversaciones sobre banderas y símbolos racializados, esa frase no me pareció teórica; me pareció diagnóstica.

Esa comprensión agudizó mi comprensión de la profundidad con la que el contexto moldea la percepción moral. Lo que se debatía en Misisipi no era solo un trozo de tela o una reliquia histórica, sino visiones contrapuestas sobre qué vidas, historias y sufrimientos importaban. Fue a través de esa perspectiva que comencé a escuchar a King no solo como una voz estadounidense, sino como un testimonio cristiano global.

Viniendo de Brasil que es una nación marcada por un profundo legado de racismo y desigualdad, donde las jerarquías raciales a menudo se enmascaran tras el lenguaje de la armonía y el mestizaje, me impactó la claridad moral del testimonio de King, quien incluso ante las amenazas, se negó a confundir paz con tranquilidad ni unidad con evasión. En “Carta desde la cárcel de Birmingham” King mencionó con penetrante honestidad el peligro de la justicia diferida: “Llevo años escuchando la palabra ‘¡Espera!’… Este ‘Espera’ casi siempre ha significado ‘Nunca’”. King comprendió que los llamados a la paciencia a menudo funcionan como herramientas para preservar sistemas injustos en lugar de desmantelarlos.

Es posible que hoy sigamos luchando con muchas de estas mismas realidades, no porque no sepamos más sino porque nos resistimos a admitir cuán profundamente estamos implicados/as en su persistencia. La xenofobia, el racismo, la homofobia, el sexismo y la criminalización de los/as inmigrantes ya no son realidades ocultas; son públicas, visibles y controvertidas. Las familias se separan, las comunidades se desestabilizan y el miedo se usa como política. Más sin embargo, para quienes se ven protegidos por la distancia o el privilegio, estas realidades pueden seguir siendo abstractas, hasta que estemos dispuestos/as a escuchar a quienes las soportan. King comprendió esta dinámica al igual que el escritor James Baldwin, quien hace décadas ofreció un diagnóstico mordaz de la justicia estadounidense, un diagnóstico que sigue vigente hoy en día. Baldwin escribió: “Si uno realmente desea saber cómo se administra la justicia en un país, no cuestiona a los/as policías, los/as abogados/as, los/as jueces ni a los/as protegidos/as de la clase media. Uno se acerca a los/as desprotegidos/as ¡aquellos/as precisamente, que más necesitan la protección de la ley! y escucha su testimonio... pregúntele a los/as desdichados/as cómo les va en los pasillos de la justicia y entonces sabrá, no si el país es justo o no, sino si tiene algún amor por la justicia, o algún concepto de ella...”

La ignorancia, advirtió Baldwin, “aliada con el poder, es el enemigo más feroz que la justicia puede tener”.

Estas críticas no se basan en la política de la amabilidad o la civilidad pues se fundamentan en las exigencias de la propia fe cristiana. La visión de King sobre la justicia era profundamente teológica, ya que creía que el evangelio conllevaba consecuencias públicas inevitables. Por ello advirtió que “Debe recordarse que la Iglesia no es ni amo ni sirviente del Estado, sino la conciencia del Estado”. Para King, el discipulado cristiano requería valentía moral: la disposición a resistir la tensión, a decir la verdad y a actuar con amor, incluso cuando hacerlo implicaba un gran coste. Y para él, como para tantos/as otros/as, ese coste era real.

En los últimos años de su ministerio, a medida que King hablaba más directamente sobre la explotación económica y la violencia de la guerra, su popularidad decayó. Ya no era fácilmente aceptado por líderes políticos ni por religiosos moderados. Sin embargo, persistió convencido de que el amor debe encarnarse en la justicia, y por ello escribió: “La verdadera paz no es simplemente la ausencia de tensión; es la presencia de la justicia”. La pregunta que se nos plantea hoy no es si la justicia importa, sino qué exige la justicia de nosotros/as a nivel local, denominacional y personal.

Como pueblo metodista unido nos comprometemos a “resistir el mal, la injusticia y la opresión en cualquier forma que se presente”. Sin embargo, a menudo hemos aprendido a vivir cómodamente dentro de sistemas que perpetúan el racismo, la discriminación y la desigualdad. Si bien nuestra más reciente Conferencia General tomó medidas importantes para eliminar el lenguaje nocivo, en particular el lenguaje basado en la homofobia del Libro de Disciplina, hemos mantenido una paciencia notable con los acuerdos jurisdiccionales y estructurales, originalmente diseñados para diluir el liderazgo y la influencia de las comunidades históricamente marginadas.

Hemos ofrecido disculpas por el pasado racista de la iglesia, al tiempo que hemos dado pasos tímidos, graduales y desiguales hacia la equidad económica, de nombramientos y de liderazgo. Hemos expresado nuestro arrepentimiento al tiempo que continuamos con prácticas que no desafían ni obligan a los/as metodistas unidos/as a vivir como portadores/as de la antorcha de un evangelio que proclama: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer, porque todos sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3: 28, Nueva Versión Internacional).

También soy consciente de que hubo un momento en la historia metodista en el que los/as líderes imaginaron un futuro diferente. A principios de la década de 1950, los/as metodistas hablaron con valentía de convertirse en una iglesia no definida por los pecados de la segregación, sino moldeada por una visión reconciliada del reino de Dios. Se atrevieron a proclamar que la obra de Cristo en la cruz era mayor que toda división racial, cultural y social, y que la iglesia podía convertirse en un cuerpo verdaderamente inclusivo y racialmente integrado. Ese sueño no se negó, pero se ha postergado.

El Rev. Dr. Chester R. Jones expresó esta verdad con claridad y honestidad pastoral cuando en agosto de 2004, él y otros/as metodistas negros/as se reunieron para la primera reunión de la Jurisdicción Central desde su disolución en 1968. Si bien la reunión celebró la resiliencia, el liderazgo y la fidelidad forjados dentro de una estructura eclesial segregada, también sirvió como un recordatorio aleccionador de que la labor de reconciliación racial dentro de La Iglesia Metodista Unida sigue inconclusa.

Jones observó que a pesar del progreso a nivel general y jurisdiccional, las promesas hechas en la fusión que creó la denominación no se habían cumplido plenamente, particularmente en la vida de las congregaciones locales. Advirtió que la iglesia con demasiada frecuencia funcionaba como una luz trasera en lugar de un faro, rezagada en la búsqueda de justicia de la sociedad en lugar de liderarla. La persistente realidad de que "las 11 de la mañana del domingo" aún refleja una profunda división racial revelaba no solo un fracaso institucional, sino también espiritual.

Para Jones el recordar la Jurisdicción Central no se trataba de nostalgia ni culpa; se trataba de decir la verdad, arrepentirse y actuar. Hasta que la iglesia experimente una auténtica transformación espiritual, una que reforme el liderazgo, los nombramientos, la vida congregacional y el discipulado mismo, el legado de la segregación seguirá proyectando una larga sombra sobre nuestro testimonio común.

La pregunta que se nos plantea, como personas que confiesan su fe en un Cristo crucificado y resucitado, no es si la justicia pertenece al evangelio. La pregunta es qué estamos dispuestos/as a cambiar para que la justicia se arraigue entre nosotros/as. ¿Qué revela la composición de nuestras juntas directivas, agencias, gabinetes, oficinas de conferencias y personal de la iglesia local sobre nuestros compromisos? ¿Qué voces influyen en nuestras decisiones y cuáles siguen ausentes?

Mis primeros encuentros con la vida y las palabras del Dr. King siguen moldeando mi comprensión de la fe, el ministerio y el testimonio público. Recuerdo una y otra vez que la fe nunca es pasiva sino que nos impulsa a la acción. Honrar fielmente a King no es simplemente citarlo una vez al año, sino permitir que su testimonio cuestione nuestras suposiciones y reformule nuestros compromisos. El arco del universo moral, insistió King, "se inclina hacia la justicia" pero solo porque las personas de conciencia están dispuestas a plegarse a él.

Al recordar al Dr. King durante su semana, resistamos la tentación de domesticar su legado o reducirlo a una voz ceremonial confinada en la historia. En cambio, escuchemos de nuevo su llamado urgente: amar con valentía, hablar con verdad y trabajar fielmente por un mundo más alineado con la justicia y la gracia de Dios.

Para profundizar en los temas explorados en esta reflexión, los/as lectores/as pueden consultar los escritos de King, en particular "Un Testamento de Esperanza" y "Por Qué No Podemos Esperar"; "Sin Nombre en la Calle" de James Baldwin; y estudios sobre la historia y la raza del pueblo metodista unido, incluyendo obras de Morris L. Davis, Russell E. Richey y las reflexiones del Rev. Dr. Chester R. Jones sobre el legado de la Jurisdicción Central.

* Furtado se desempeña como pastor principal de la Iglesia Metodista Unida de Hilldale en Clarksville, Tennessee y es superintendente de distrito de cohorte de la junta de ministerio ordenado y secretario de la Conferencia Anual Tennessee-Kentucky Occidental de La Iglesia Metodista Unida. Contacto con los medios de comunicación: Julie Dwyer, editora de noticias. Puede escribirle a newsdesk@umcom.org. Para leer más noticias metodistas unidas subscríbase gratis a UM News Digests.

** Leonor Yanez es traductora independiente. Puede escribirle a IMU Hispana-Latina @umcom.org

Rev. Dr. Javier A. Viera. Foto Brian McConkey, cortesía del autor.

La iglesia debe realizar el duro trabajo de reconstruir la comunidad

“El mundo observa para ver si los cristianos pueden hacer lo que predican y amar por encima de las divisiones que derrotan a todos los demás”, escribe el Rev. Dr. Javier A. Viera.
Temas Sociales
La Junta General de Iglesia y Sociedad (GBCS), la Comisión General sobre Raza y Religión (GCORR) y la organización Mujeres Unidas en la Fe (UWF) de La Iglesia Metodista Unida se unen al pueblo y las comunidades religiosas metodistas unidas de todo el país y el mundo para honrar y recordar la vida y el legado del Rev.  Jesse Jackson como un destacado líder en la promoción de los derechos civiles, la justicia social y la dignidad humana. Foto cortesía de GBCS.

Metodismo unido recuerda el legado y la vida del Rev. Jesse Jackson

El Rev. Jesse Jackson falleció el 17 de febrero a los 84 años, tras una vida dedicada a la lucha por los derechos civiles, la justicia social y la dignidad humana. Líder histórico del movimiento por la igualdad en EE.UU., su legado continúa inspirando a la iglesia en la construcción de la “Comunidad Amada”.
Temas Sociales
Metodistas unidos/as y otros/as líderes religiosos/as marchan hacia el Capitolio de los Estados Unidos el 25 de febrero durante la marcha "Resistencia desde la Fe: Un Testimonio Público por la Justicia para los/as Inmigrantes" en Washington. Sosteniendo el extremo izquierdo de la pancarta están las/os obispas/os metodistas unidas/os Minerva Carcaño, LaTrelle Easterling , Cynthia Moore-Koikoi y Héctor Burgos Nuñez. En el extremo derecho la Revda. Dra. Myrtle Bowen, Iglesia Metodista Episcopal Africana Zion; Obispo Julius Trimble, secretario general de GBCS; y el Rev. Carlos Malavé de la Iglesia Presbiteriana de EE.UU. , presidente de la Red Nacional Cristiana Latina. Foto de Mike DuBose, Noticias MU.

Miles de metodistas marchan en apoyo a inmigrantes en Washington

Más de 2.000 personas de fe marcharon alrededor del Capitolio de Estados Unidos, mientras otros 6.000 estuvieron participando virtualmente, en una manifestación pública para dar testimonio de la fe cristiana y dejarle saber a las familias inmigrantes que no están solas.

United Methodist Communications is an agency of The United Methodist Church

©2026 United Methodist Communications. All Rights Reserved