Puntos clave:
- La herencia hispana representa historias de migración, sacrificio, esperanza y profundas raíces culturales que merecen ser reconocidas.
- La fe metodista llama a las iglesias a acompañar a las personas migrantes con dignidad, misericordia, justicia y amor.
- La iglesia debe ser un hogar para todas las personas, donde encuentren comunidad, consuelo y esperanza, sin importar su origen o situación migratoria.
Como pastor, este mes no quiero limitarme a celebrar nuestra herencia hispana; quiero mirar a nuestra gente con amor y cuidado.
Detrás de cada rostro latino que encontramos en nuestras comunidades hay una historia. Hay quienes llegaron con una maleta llena de sueños; otras personas, con el corazón lleno de nostalgia. Algunas dejaron atrás a sus padres, hijos/as, hermanos/as y su tierra natal. Muchas tuvieron que aprender a vivir en una nueva cultura, trabajar largas jornadas y empezar de nuevo, mientras sobrellevaban en silencio las heridas de la separación y la incertidumbre.
Como iglesia, creemos que nadie debe caminar en soledad. Nuestra tradición metodista nos recuerda que la fe no se vive únicamente entre los muros del santuario. Se transforma en servicio, misericordia, justicia y amor cuando tendemos la mano a quienes necesitan sentirse acompañados/as, escuchados/as y valorados/as.
Por eso, como pastor, me importa profundamente nuestra congregación. Me importan nuestras familias, nuestros niños, niñas y jóvenes, las personas mayores, quienes trabajan incansablemente y quienes todavía sienten que no pertenecen. Me importa el corazón de ese hermano o hermana que sonríe a los demás, pero que, en el fondo, extraña profundamente su tierra natal y a los seres queridos que dejó atrás.
Quiero recordarles algo: ustedes tienen dignidad.
Tu acento no te hace menos; tu origen no te hace menos, ni tu historia migratoria te hace menos. Ser mexicano/a, salvadoreño/a, guatemalteco/a, hondureño/a, colombiano/a, venezolano/a, peruano/a, argentino/a, chileno/a o de cualquier otra nación de nuestra hermosa América Latina no es motivo de vergüenza.

Integrantes de la comunidad comparten una presentación de danza tradicional durante una actividad de celebración cultural, fortaleciendo los lazos de comunidad, compañerismo y pertenencia. Foto cortesía de la Conferencia Anual California - Nevada.
Grupo bailando en la sede de la Primera Iglesia Metodista en San José, California. Foto cortesía de la Conferencia Anual California-Nevada.
Antes de que existieran las fronteras que separan a nuestros países, Dios ya nos había creado como una sola humanidad, llamada a vivir en amor, solidaridad y justicia.
Nuestra iglesia debe ser un lugar donde las personas migrantes encuentren un sitio en la mesa, comunidad y esperanza; donde nadie sea recibido en función de su situación migratoria, sino por su dignidad. Un lugar donde podamos llorar cuando sea necesario, celebrar cuando haya motivos y caminar juntos/as cuando el camino se torne difícil.
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En la mesa de Cristo hay lugar para todos/as. Como metodistas, creemos que la gracia de Dios nos alcanza y nos transforma, y nos capacita para convertirnos en instrumentos de esa misma gracia. Por lo tanto, nuestra misión no puede limitarse a hablar del amor de Dios; debemos encarnarlo en la manera en que recibimos, servimos y cuidamos a nuestro prójimo.
Que este Mes de la Herencia Hispana sea también un tiempo de restauración.
Que Dios sane las heridas de quienes han vivido lejos de su tierra natal. Que fortalezca a nuestras familias, proteja a nuestros niños, niñas y jóvenes, brinde consuelo a quienes extrañan a sus seres queridos y renueve las fuerzas de quienes trabajan cada día para construir un futuro mejor.
Y que nosotros/as, como comunidad de fe, podamos decir:
Aquí estás en casa.
Aquí tu historia importa.
Aquí se respeta tu dignidad.
Aquí hay una comunidad que camina contigo.
Podremos vivir lejos de nuestra tierra natal, pero no estamos lejos de Dios.
Dios camina con nosotros/as.
Su gracia nos sostiene.
Su amor nos reúne.
Y nuestra esperanza permanece viva.
Que nuestras raíces se mantengan profundas, que nuestras manos sigan sirviendo y que nuestros corazones permanezcan abiertos.
Lejos de nuestra tierra natal, pero nunca lejos de Dios; diversos/as en nuestras culturas, pero unidos/as en el amor de Cristo.
Pastor Gerardo Vázquez, Primera Iglesia Metodista Unida de San José.
* Gerardo Vázquez Padilla es pastor de la Primera Iglesia Metodista en San José, California.
** Leonor Yáñez es traductora independiente. Puede escribirle a IMU_Hispana-Latina@umcom.org. Para leer más noticias metodistas unidas, ideas e inspiración para el ministerio, suscríbase gratis a UMCOMtigo.