Puntos clave:
- El Concilio de Obispos/as rechaza la transmisión en vivo de la ejecución prevista para el 3 de diciembre y sostiene que no honra a las víctimas ni a quienes sobrevivieron al ataque.
- La carta reafirma la oposición histórica de La Iglesia Metodista Unida a la pena de muerte y llama a exigir justicia sin promover la venganza ni convertir la muerte en espectáculo.
- Los/as obispos/as instan a las congregaciones a orar por las familias afectadas, las personas sobrevivientes, las comunidades musulmanas y migrantes, y las autoridades, sin culpar colectivamente a grupos por los actos de una sola persona.
El Concilio de Obispos/as de La Iglesia Metodista Unida expresó su rechazo al plan del Departamento de Defensa de Estados Unidos de transmitir en vivo la ejecución de Nidal Hasan, condenado por el ataque armado ocurrido en 2009 en Fort Hood, Texas, que dejó 13 personas fallecidas y más de 30 heridas. En una carta pastoral fechada el 12 de octubre, el Obispo Rubén Sáenz Jr., presidente del Concilio, sostiene que convertir una ejecución en un espectáculo público no honra a las víctimas ni a quienes sobrevivieron, y advierte sobre sus consecuencias para la sociedad.
El documento reafirma la histórica oposición de la denominación a la pena de muerte y llama a las iglesias a rechazar la venganza, la crueldad y el uso de la fe cristiana para justificar la violencia o fomentar la división. Asimismo, invita a las congregaciones metodistas unidas de todo el mundo a orar por las familias afectadas, las personas sobrevivientes, las comunidades musulmanas y migrantes, y las autoridades, recordando que la justicia no debe convertirse en un instrumento de represalia:
Carta pastoral sobre la ejecución que se propone transmitir en vivo desde Fort Hood
Del Concilio de Obispos/as de La Iglesia Metodista Unida
Obispo Rubén Sáenz Jr., presidente
12 de octubre de 2026
A las personas llamadas metodistas unidas en África, Europa, Filipinas y Estados Unidos, y a quienes buscan el camino de Cristo:
Gracia y paz a ustedes en el nombre de Jesucristo.
Escribimos sobre un suceso en una nación porque nos sirve de espejo a todos/as. Toda sociedad, en cada continente donde nuestra iglesia está presente, se ve tentada a responder a la violencia con el espectáculo, a bendecir el poder nacional en nombre de Dios y a hacer que todo un pueblo pague por el crimen de una sola persona. Lo que ocurre en Estados Unidos es una prueba local de una fidelidad global.
El 5 de noviembre de 2009, 13 personas perdieron la vida y más de 30 resultaron heridas en Fort Hood, una base del Ejército de Estados Unidos en Texas. Compartimos el dolor de las familias de las personas fallecidas y de quienes sobrevivieron y aún llevan consigo heridas en el cuerpo y en el espíritu. Nidal Hasan ha admitido haber cometido estos asesinatos y debe rendir cuentas por sus actos. Nada de lo que digamos justifica lo que hizo.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos planea ejecutarlo mediante un pelotón de fusilamiento el 3 de diciembre y transmitir la ejecución en vivo al público (BBC). El Concilio de Obispos/as se opone a este plan, pues considera que convertir la muerte de un ser humano en una transmisión pública no honra a las víctimas, sino que perturba la conciencia de un pueblo y contradice el Evangelio que proclamamos.
Alonzo Lunsford, sobreviviente que recibió siete disparos aquel día, respalda la sentencia y tiene previsto asistir. No obstante, ha expresado que el público no debería ver la ejecución, por temor a la lección que esto transmite a la juventud (BBC). Honramos su testimonio. La justicia para quienes sobrevivieron no requiere que la ejecución sea retransmitida ante millones de personas.
En nuestro mundo interconectado, conocemos esta tentación bajo muchas formas: multitudes reunidas para presenciar ejecuciones públicas, guerras contra el narcotráfico libradas mediante asesinatos sin juicio previo, justicia tomada por mano propia en las calles y líderes que invocan a Cristo mientras dividen a sus vecinos/as por motivos de fe, etnia u origen. Dondequiera que la muerte se convierte en espectáculo, la gente aprende que matar es la forma en que el poder resuelve los problemas. Y una transmisión en vivo llega a todas las pantallas del planeta: lo que una nación transmite, el mundo entero está invitado a verlo.
La máxima «ojo por ojo» se estableció para limitar la venganza, no para autorizarla. En Mateo 5:38-48, Jesús nos invita a ir aún más allá: no respondan al mal con el mal; amen a sus enemigos/as; oren por quienes los/as persiguen, para que sean hijos/as de un Dios que hace llover sobre justos/as e injustos/as.
Nuestro Señor murió mediante una ejecución pública, organizada por un imperio para exhibir su poder e intimidar a la multitud que observaba. Los/as cristianos/as, más que nadie, deberían negarse a congregarse nuevamente en torno a semejante espectáculo.
La Iglesia Metodista Unida se ha opuesto durante mucho tiempo a la pena de muerte, ya que toda vida lleva la imagen de Dios y permanece al alcance de la gracia. Agradecemos que líderes cristianos/as de diversas tradiciones también hayan calificado este plan como «una promoción bárbara de una cultura de la muerte» (National Catholic Reporter) y como un «espectáculo público» que no respeta «la dignidad de todo ser humano» (CBC).
En Estados Unidos y en muchas otras naciones, algunas voces fusionan la fe cristiana con el poder nacional, tratando la cruz como un estandarte de la nación en lugar de reconocerla como el signo de un Señor crucificado que amó a sus enemigos. La iglesia de Jesucristo no pertenece a ninguna nación. Nuestra ciudadanía primordial está en el reino de Dios, que reúne a personas de toda tribu y lengua.
Dondequiera que los/as cristianos/as sufran violencia por su fe, nos solidarizamos con ellos/as y los/as acompañamos en oración. Y donde los/as cristianos/as ostenten el poder, jamás debemos utilizarlo para hacer sufrir a otras personas. Hasan afirmó actuar en nombre del islam, pero nuestros/as vecinos/as musulmanes/as no deben cargar con la culpa del crimen de un solo hombre. Tampoco las personas migrantes ni las minorías de ningún lugar deben convertirse en chivos expiatorios del miedo de una nación.
John Wesley consideraba que el mundo entero era su parroquia y no esperó a que la esclavitud se volviera impopular para denunciarla. En Reflexiones sobre la esclavitud (1774), declaró que esta era «tan incompatible con la justicia como con la misericordia». Días antes de morir, instó a William Wilberforce a seguir oponiéndose a «esa execrable vileza, que es un escándalo para la religión» (Christian History Institute). Wesley sabía que, cuando los/as cristianos/as bendicen la crueldad, el escándalo recae sobre la propia religión.
Instamos a los líderes de Estados Unidos a poner fin al plan de llevar a cabo una ejecución transmitida en vivo.
Invitamos a todas las congregaciones metodistas unidas del mundo a orar por las familias de las personas fallecidas y por quienes sobrevivieron, por nuestros/as vecinos/as musulmanes/as y migrantes, y por todas las autoridades. Podemos exigir cuentas al mal sin convertirnos en aquello a lo que nos oponemos.
Oración
Dios de todas las naciones y de todos los pueblos, consuela a las familias de quienes murieron y a quienes llevan las heridas de la violencia. Protege nuestros corazones de la venganza y nuestros ojos de la crueldad. Ampara a las personas extranjeras, a las minorías y a quienes migran, frente a la culpa y el daño. Libera a tu Iglesia en todas las tierras de falsas lealtades y danos la valentía de quienes nos precedieron para seguir a tu Hijo, que amó incluso a sus enemigos. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Obispo Rubén Sáenz Jr.
Presidente del Concilio de Obispos/as
La Iglesia Metodista Unida
* Este material fue publicado por el Concilio de Obispos/as. Para leer el documento original en inglés, haga clic aquí.
** Leonor Yáñez es traductora independiente. Puede escribirle a IMU_Hispana-Latina@umcom.org. Para leer más noticias metodistas unidas, ideas e inspiración para el ministerio, suscríbase gratis a UMCOMtigo.